 |
| ITINERARIO IV. A ORILLAS DEL RÍO GRANDE. |
El cuarto y último itinerario marcado parte de Vimianzo
y pasa por Salto, Tines, Bamiro, O Mosquetín, Torelo y
A Lagoa, para luego volver al punto de partida.
Para llegar a Salto debemos tomar en Vimianzo la estrecha
carretera que está situada enfrente a la gasolinera (justo
a la salida del núcleo poblacional).
Salto es la parroquia más extensa del municipio (25km2).
Allí se encuentra la iglesia
de Santa María cuya ábsida, que es la parte
más antigua, data muy probablemente de la segunda mitad
del XV (estilo gótico). Es muy posible que el atrio albergue
en su subsuelo una antigua necrópolis similar a la de
Tines, a juzgar por un sarcófago antropomorfo que se conserva
al lado de la fachada. Fuera del cementerio existe una
fuente santa de la que se recoge agua para ser bendecida.
Un poco más adelante y tomando una carretera a la derecha
encontramos el lugar de Castro,
topónimo plenamente justificado ya que en ese lugar hay
un castro de la edad del hierro.
Nuestra siguiente visita es Tines, importante lugar histórico
a juzgar por los caminos que lo recorrieron en la antigüedad
(el que venía de Zas y Villar con dirección a Vimianzo
y el procedente de Baíñas con dirección a Baio); y por
los restos arqueológicos encontrados en el atrio de la
iglesia y en los terrenos lindantes. Se trata de una importantísima
necrópolis suevo-romana,
con enterramientos datados desde el siglo I al VIII d.C.
La necrópolis fue descubierta casualmente durante la construcción
de unos panteones y el traslado de la llamada Ermida Vella
al templo parroquial. Fue el investigador Manuel Chamoso
Lamas el que realizó la única y parcial excavación de
la necrópolis de Tines en el año 1951. Este estudioso
pudo comprobar que además de la necrópolis, muy probablemente
hubo en ese lugar una villa romana con cuatro salas, pórtico
e hipocausto.
En Tines se encontró además la conocida como estela funeraria
de Victorino, de la época tardorromana, en la cual se
puede distinguir un rostro humano toscamente grabado (unas
simples incisiones que representan las cejas, los ojos
y la nariz) y en la parte inferior se puede leer: “VICTORI/
NVS/ IN PACE/ ANNORV/ MLXX”. Hay estudiosos que creen
que se trata de la primera muestra epigráfica cristiana
de Galicia, datable a finales del siglo IV o principios
del V. Actualmente, la estrella de Victorino se conserva
en el Museo Arqueológico de A Coruña.
Ningún estudioso duda de la importancia del descubrimiento
de la necrópolis de Tines, pero lo cierto es que los restos
encontrados durante las excavaciones de los años 50 quedaron
completamente abandonados en el propio atrio de la iglesia,
sin ninguna clase de protección por parte de las autoridades.
En 1986 se descubrieron dos nuevas tumbas en una finca
aledaña a la iglesia: una de ellas todavía conservaba
los restos óseos.
La parte más antigua de la iglesia
de Santa Baia de Tines es el ábsida, de estilo
románico, aunque este edificio sufrió importantísimas
reformas en el siglo XVIII siguiendo las directrices de
esa época.
Son de destacar los dos capiteles: el del lado norte representa
la escena bíblica del pecado y el castigo de Adán y Eva
y el del lado sur nos muestra el martirio de la virgen
y mártir emeritense Santa Baia, a la que está dedicado
el templo.
En Xora
(parroquia de Treos) existió en la antigüedad un pazo
del que tan sólo se conserva la capilla, que se confunde
con las casa del lugar en su parte norte.
El fundador de esta casa fue Martín de Antelo, que contrajo
matrimonio con Clara Pérez de Moscoso (siglo XVI). El
último dueño de esta edificación se la vendió a los caseros,
y éstos prefirieron derribar la antigua construcción y
levantar una nueva casa, situada en la zona oeste de la
capilla.
De acuerdo con las fuentes documentales disponibles (escritura
de fundación), la capilla fue fundada en 1697 por el capitán
y señor del pazo de Xora don José Antonio de Caamaño y
Bermúdez de Lobera. El estilo predominante es el gótico,
aunque en su etapa final. Su estado de conservación era
muy deficiente y las autoridades no parecían dispuestas
a repararla a pesar de las continuas peticiones al respecto
de los vecinos que en 1993 decidieron restaurarla por
su propia cuenta.
La parte más interesante de la capilla es la fachada del
muro sur, de cantería en su totalidad, por tener adosado
un escudo de armas abrazado por una sirena (el símbolo
de los Mariño). También se observan los símbolos de los
Caamaño (un pino y varias lanzas); de los Lobera (dos
lobos) y de los Bermúdez, entre otros.
Si continuamos hasta Cheis podemos visitar un cruceiro
gótico que data aproximadamente de finales
del siglo XIV o principios del XV. En él se representa
a Jesucristo crucificado, con las figuras de la Virgen
y San Juan a ambos lados. En la parte posterior hay una
representación de la Trinidad y debajo de Dios Padre aparece
la figura de un hombre, probablemente el Apóstol Santiago,
aunque también podría ser José de Arimatea.
En la cumbre del pequeño monte de Montetorán (222m), situado
en la parte norte de la parroquia de Bamiro, existe una
ermita en honor e Nuestra
Señora de Montetorán. Esta ermita existía
ya a principios del siglo XVII (el cardenal J. del Hoyo
la cita en su visita de 1607), pero durante el siglo XVIII
sufriría importantes obras de remodelación.
La festividad de Nuestra Señora de Montetorán se celebra
a principios de mayo, y a ella acuden los romeros para
aliviar los males de cabeza, de ahí el dicho popular “A
Montetorán tódolos tolos van”. Además, la Virgen cura
todo tipo de enfermedades y dolencias: la tradición manda
lavar los miembros enfermos y doloridos en la fuente santa
situada cerca de la ermita. Luego hay que dejar los paños
mojados a secar al sol en el lugar donde está emplazada
la fuente.
Dentro del campo que rodea a la ermita hay un cruceiro
con una piedad en el anverso de la cruz. En la parte norte
se construyó un pequeño oratorio sobre unas grandes piedras
utilizado para la misa de campaña el día de la fiesta
y antiguamente también los días de feria.
El investigador Xosé María Lema Suárez aventura la hipótesis
de que quizás esta ermita, junto con la Ermida Vella de
Tines y la de Castrobuxán, haya formado parte de una antigua
ruta de peregrinación jacobea.
Retomando la C-552 en dirección Baio-Fisterra llegamos,
tomando una estrecha y sinuosa pista a la derecha, al
conjunto etnográfico de los Batanes
de Mosquetín, situado en la margen derecha
del Río Grande do Porto. Se desconoce la antigüedad de
estas construcciones, aunque ya se encuentran referencias
sobre las mismas en el Catastro de Ensenada (año 1753).
Los batanes y molinos de Mosquetín pertenecieron hasta
el año 1997 a los vecinos del lugar; fue en ese año cuando
la Diputación de A Coruña los compró para hacerse responsable
de su recuperación, ya que se encontraban en un estado
lamentable.
Los tres batanes y seis molinos harineros eran usados
por los vecinos de las parroquias de Soneira y Bergantiños,
así como también por gente de la zona del Xallas y de
la ría de Noia, para moler grano y abatanar los tejidos
de lana que elaboraban de forma artesanal. De este modo
conseguían convertir un tejido de textura poco firme en
otro de trama más prieta.
La importancia y singularidad del lugar es evidente, ya
que se trata de un claro ejemplo de la ingeniería popular,
que supo aprovechar la fuerza del agua a través de una
serie de canalizaciones para moler el grano y para mejorar
su industria textil artesanal. Por otro lado, el entorno
presenta una frondosa vegetación formada principalmente
por especies autóctonas.
Continuando por la misma pista estrecha (en la que se
ubica una piscifactoría), llegamos al lugar de Señoráns,
donde se conserva una casa blasonada e interesantes conjuntos
de molinos.
Si giramos a la izquierda nos encontramos de nuevo con
la C-552 pero antes del cruce, a mano izquierda, debemos
pararnos a visitar la ermita
de Santa Helena o Santa Irena, construida
muy posiblemente en la primera mitad del XVIII, aunque
carecemos de noticias documentales que así lo constaten,
y situada al pie del Río Grande. Cerca de ella existe
un área de descanso para pescadores. Su festividad, en
honor de la Virgen de las Nieves, se celebra el 3 y el
4 de mayo.
En Castromil
hay un pazo con una capilla, de propiedad privada y cercado
por una muralla. La capilla, de estilo barroco, fue fundada
en 1758 ó 1759 por Domingo Antonio López de Miranda, escribano
de la jurisdicción de Soneira, y su esposa Isabel de Pazos,
matrimonio hidalgo que habitaba por estos años el pazo
o casa grande de Castromil.
Si nos acercamos a Torelo,
zona de abundantes ríos y regatos a la que acude un gran
número de pescadores, podremos contemplar un puente que
fue construido por orden de Isabel II. Cerca de él, tomando
un camino que los vecinos conocen como “a calzada”, se
encuentra un molino de piedra con canalización de agua
que todavía funciona.
Nuestra última parada antes de regresar a Vimianzo es
el lugar de A Lagoa, en donde se levanta la Ermita
de la Virgen de la Peregrina, imagen esta
vinculada a la tradición jacobea por llevar traje de peregrino
noble con una concha de vieira dibujada y portar bordón
con calabaza en su mano derecha.
La situación de este lugar, a orillas del antiguo camino
real A Coruña-Fisterra, ha llevado a Xosé María Lema Suárez
a pensar que el origen de la capilla está en la existencia
de una antigua ruta de peregrinación. Hasta hace unos
años existía una fuente enfrente a la capilla, al otro
lado de la carretera.
|
|
|
 |
 |
|
 |