Historia

Morada de los Condes de Altamira

  • Patio de armas del castillo de Vimianzo
  • Castelo de Vimianzo
  • Festa do Asalto ao Castelo
  • Vista aérea del castillo de Vimianzo
  • Escudo de Armas do Castelo de Vimianzo
  • Escudo de Armas do Castelo de Vimianzo
  • Escudo de Armas do Castelo de Vimianzo
  • Pedra Armeira

Un poco de historia

El castillo no ha sido siempre como lo vemos hoy día, sino que sufrió diversas reformas y reconstrucciones que transformaron sucesivamente su aspecto. Los constructores de la fortaleza parece que debieron ser los Mariño, a finales del siglo XII o comienzos del XIII. El rey Alfonso IX de León y Galicia donaba las parroquias de Vimianzo e Cambeda a esta familia en 1220, y así comenzaron a ejercer el señorío de las tierras del Valle, entre otros lugares del occidente gallego.

El aspecto del primer edificio, de la "casaforte de Vimianço", apenas lo podemos intuír, ya que no quedan prácticamente vestigios. Sólo las excavaciones realizadas en los años 80 revelaron la existencia de una gran torre en lo que hoy es el patio, de la que podemos observar sus cimientos. A su lado vemos también los restos de un horno, posiblemente para la elaboración de pan. Además, bajo los muros actuales aún se ven restos de la primitiva construcción y también restos de la antigua muralla. 

A finales del siglo XIV, el castillo dejará de ser de los Mariño, tras la subasta de propiedades de Rui Soga de Lobeira, quien había sido degollado en Noia por desobediencia al rey. Tras sucesivos cambios de propietario la fortaleza llegará finalmente a manos de los Moscoso de Altamira a mediados del siglo XV, gracias a la dote recibida en la boda entre Rui Moscoso y Joana de Castro e Lara.

La familia de los Moscoso fue un linaje muy destacado que tenía su centro de acción en las tierras de Compostela. Precisamente, con el Arzobispado llegarán a tener varios conflictos, unos de los más sonados la prisión del obispo Alonso de Fonseca y Azevedo. El señor Bernal Eáns de Moscoso, como venganza porque la mitra le había restado poder, encerrará al obispo en una jaula y lo llevará desde Noia al castillo de Vimianzo. ¡Se cuenta que hasta fue colgado de una chimenea! El secuestro de Alonso duró más de dos años, cuando finalmente, tras una guerra, será liberado a cambio de su destierro a Redondela.

Pocos meses después, en 1467, se produce un hecho decisivo en la historia de Galicia y del castillo, lo que se conoce como la Guerra Irmandiña. El pueblo, cansado por la presión económica ejercida por los señores feudales y por los abusos y violencia ejercidos sobre ellos, decide tomar al asalto las fortalezas. Este acontecimiento va a provocar la huída de toda la gran nobleza gallega hacia Portugal y Castilla, siendo destruídas o seriamente dañadas la mayoría de las fortificaciones existentes. Lo mismo le pasó al castillo de Vimianzo, que será tomado al asalto. Actualmente, el primer sábado de julio, se celebra una fiesta que recuerda este hecho histórico.

La rebelión no duró mucho. Los nobles escapados se reorganizan, y con la ayuda de la aristocracia local, emprenden la recuperación de sus posesiones a partir del año 1469. Con la caída de los irmandiños, curiosamente será el arzobispo Alonso de Fonseca y Azevedo, quien había estado preso en Vimianzo, el que ordena la reconstrucción del castillo. Aún así, poco más tarde el nuevo señor Moscoso, Lopo Sanches, autoproclamado primer Conde de Altamira, recuperará por la fuerza Vimianzo.

A finales del s. XV los Condes de Altamira abandonarán Galicia como la mayor parte de la alta nobleza gallega, para residir en la corte y estar más cerca de los reyes. La administración de sus posesiones quedará en manos de figuras que se denominarán alcaides o merinos. Esto mismo acontecerá en Vimianzo. El conde rara vez retornará a Galicia y serán subordinados nombrados por él, los que gobernarán el castillo, cobrarán los tributos y los remitirán a sus propietarios en la corte. De esta forma, el Valle de Vimianzo se nutre de fidalgos que construirán casas solariegas y pazos, como el cercano y hermoso pazo de Trasariz. 

Esta situación se mantendrá relativamente estable hasta el s. XIX. Los Altamira irán asentando poco a poco su poder hasta llegar a ser una de las familias más influyentes en la vida pública del Estado. En el castillo residirán sucesivos alcaides y se acometerán diversas reformas, que no son fáciles de apreciar porque falta aún el pertinente estudio. La más grande seguramente la parte de vivienda, donde hoy se puede ver la Mostra de Artesanía ao Vivo. 

La última gran reforma fue realizada a finales del s. XIX por Evaristo Martelo Paumán del Nero. Parece ser que en esta época el Castillo estaba en bastante mal estado y acometió una serie de obras para hacerlo habitable. Marqués de Almeiras y vizconde de Andeiro, es autor de diferentes estudios jurídicos, pero sin duda lo más destacable es su faceta poética: Os afillados do demo (1885), Líricas gallegas (1894) o Landras e baias (1919) son algunos de sus títulos más destacados. Junto a su amigo Eduardo Pondal y muchas otras personalidades de la época fue una de las figuras del Rexurdimento, el movimiento de renacer de la lengua y cultura gallegas. El poeta dejó una profunda huella en el pueblo, siendo conocido este castillo posteriormente como Torres de Martelo. 

Fallecido ya Evaristo, en 1936 el gobierno municipal de Vimianzo decide expropiar el castillo y transformarlo en la casa consistorial y crear otros servicios públicos en su entorno. El golpe de Estado hace que la lectura de expropiación se convierta en todo un acto simbólico de resistencia, siendo colgadas en la torre del homenaje tres banderas: una de la República española, otra comunista y otra socialista o sindical. Por este acto fueron perseguidos, represaliados y asesinados varios de los participantes y familiares. En memoria de las víctimas existe una placa en la entrada a la fortaleza.

Una vez que los franquistas devuelven la propiedad a los Martelo, esta fortaleza va a sufrir un abandono total e incluso un incendio. Dolores Martelo de la Maza, soltera y sin descendencia, cedió tras su muerte la fortaleza al Arzobispado de Santiago. Finalmente en 1973 fue comprado por la Diputación de A Coruña, que lo acondicionó para su visita. A través de las acciones comprendidas en el Plan de Dinamización Turística da Costa da Morte, se acondicionó la zona de artesanías y también se convertió la parte alta de la torre este en centro de interpretación de Costa da Morte.

Los escudos de armas

Escudo de Armas do Castelo de Vimianzo

Son piedras labradas en las paredes de las construcciones que pertenecen a un determinado linaje. En ellas se representan los símbolos que identifican a esta familia. La variedad de símbolos es enorme, aparecen animales reales y fantásticos, armas, objetos diversos... 

Cuando se construye el castillo en el s. XII o XIII, aún no es frecuente poner piedras armeras en las construcciones. Pero en los siglos XIV o XV, a medida que algunas familias van cogiendo peso creciente mediante el incremento de sus patrimonios territoriales, esta costumbre se va haciendo cada vez más frecuente. 

En el castillo de Vimianzo podemos ver varios escudos de armas. La mayor parte de ellos pertenecen a la época en que Martelo reformó el castillo. La cabeza arrancada de lobo orientada hacia la derecha con los regueros de sangre representan a los Moscoso. Los círculos identifican a la familia Castro y los calderos son de los Lara. 

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